Las crisis no son todas iguales, cada una tiene sus especificidades que definen el marco de actuación, los posibles escenarios, los contextos de recuperación de la normalidad; por ejemplo, la crisis del coronavirus que estamos viviendo en estos días, se caracteriza por ser dinámicamente inabordable. Se inició como una crisis sanitaria, que está mudando en económica y social. Todavía no se tiene constancia de cómo acabará, qué incidencia tendrá y cuales serán sus consecuencias globales.

A las tres crisis nombradas podríamos añadir la crisis política que podría producirse si la respuesta es percibida como insuficiente o despreocupada. Podría también añadirse una crisis democrática si, en países como Hungría, tras la pandemia la población no recupera todos sus derechos fundamentales. O incluso podría producirse una crisis internacional que derive en un nuevo orden mundial, si Estados Unidos abandona los organismos multilaterales y es China quien ocupa su lugar. Mientras escribo estas líneas, estamos viviendo diariamente la actualización de esta tragedia y, por lo tanto, no soy capaz de avanzar la deriva de esta crisis en todas sus dimensiones.

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