Muchos analistas se asombran ahora de la activa implicación del PNV en la gobernabilidad de España y de la sensatez y moderación que exhiben sus dirigentes en sus planteamientos políticos e identitarios. Pero la evolución política que llevó al PNV desde posiciones próximas al soberanismo a una apuesta cerrada por el autonomismo y la transversalidad comenzó hace más de tres lustros, cuando, en enero de 2004, Josu Jon Imaz (Zumárraga, 1963) tuvo la audacia de enfrentarse y ganarle la presidencia del Euskadi Buru Batzar (EBB), al candidato del ala soberanista, Joseba Egibar, que era además el favorito del venerado líder, Xavier Arzalluz, al que Imaz sucedió en el cargo.

Josu Jon —era uno de los pocos políticos a los que la ciudadanía llama por su nombre de pila— solo estuvo cuatro años en el liderazgo del PNV pero marcó la línea que ha guiado al partido nacionalista desde entonces. En esos años (2004-2008), Imaz marcó distancias con el mundo de ETA y Batasuna, recompuso los puentes rotos con el socialismo vasco y se propuso seducir en Madrid, lo que logró con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y con la excelente relación que forjó con Alfredo Pérez Rubalcaba. Aunque se podría decir que la seducción fue mutua y algunos de sus correligionarios le reprocharon precisamente que se hubiera dejado “seducir por Madrid”.

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