Estaría bien que antes de darle una vuelta a la impresionante importancia (perdonen la redundancia, pero así es) que tiene la moto y el mundo de la moto en Catalunya y, muy especialmente, en Barcelona, tengamos en consideración (lo digo porque no todo el mundo lo hace y merece la pena) que Barcelona es, en estos momentos y desde hace mucho tiempo, la única ciudad del mundo que posee un Gran Premio de F-1, llamado de España porque no existe otro; un Gran Premio de motociclismo, denominado de Catalunya porque el de España se corre en Jerez, y hasta un rally puntuable para el Mundial de la especialidad. Nadie, nadie, en el mundo tiene, en un mismo año, los tres grandes eventos del mundo del motor.

Es evidente que nada de eso le es extraño al boom de las dos ruedas. Como tampoco lo es que, en Catalunya, hayan habido hasta 150 fábricas de motocicletas, cierto, más o menos grandes, más o menos especializadas. Como tampoco es extraño que auténticos magos y locos como los legendarios y, sí, míticos Simeó Rabasa (Derbi), Paco Bultó (Montesa y Bultaco) o Joan Giró (Ossa), además de Sanglas, Rieju, Lube y tantas otras marcas, inundasen con sus máquinas calles, carreteras y caminos, pues también se especializaron en motos de campo, cross y trial, ganando, incluso, títulos mundiales.

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