En la avalancha de imágenes históricas que han marcado la formación del nuevo gobierno de coalición entre las izquierdas, el nombramiento de Salvador Illa i Roca como nuevo ministro de Sanidad ha quedado en un segundo plano, como una pieza menor de una elección previsible. El socialismo catalán siempre ha estado presente en los Ejecutivos socialistas, y esta vez tampoco sería diferente. Sin embargo, hay algunos indicios que no deberíamos pasar por alto y que sugieren el volumen real que puede ocupar el nuevo ministro in pectore de Cataluña en la escena española de los próximos años.

De entrada, Salvador Illa es una de las figuras con más peso interno que el PSC ha enviado como ministro a Madrid, equiparable al que Montilla, Serra o Lluch tenían en su momento antes de entrar en el Ejecutivo. A diferencia de Chacón, Borrell, Batet, o Solé Tura, entre otros catalanes, para los que la ascensión fue el resultado de una ministrabilidad generada en la arena estatal (y, a menudo, de su proximidad al jefe de gobierno), Illa llega al ejecutivo de Sánchez en virtud de su autoridad interna en Cataluña, como representante -y no simple delegado- de una fuerza territorial clave para el sostenimiento de la mayoría gubernamental.

Es la primera vez que un Secretario de Organización del PSC se sienta en el Consejo de Ministros. Y como en Montilla, Serra o Lluch antes, esa doble lealtad política conllevará implicaciones notables en las relaciones entre las dos familias socialistas, y en su papel en la política catalana. El resultado de esta operación dependerá, por supuesto, de cómo evolucione el contexto en el que se moverá el nuevo gobierno, pero también influirá decisivamente la personalidad y la experiencia del personaje. ¿Quién es Salvador Illa?

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