La movilidad puede ser entendida como el flujo de personas y mercancías en un determinado territorio a través de diversos medios que incluyen desplazamientos a pie, en bicicleta, patinete, moto, furgoneta, transporte público, privado o compartido, entre muchos otros. De este modo, la movilidad se constituye en el sistema circulatorio de la ciudad, fundamental para el funcionamiento de todo el sistema urbano, tal como lo conocemos hoy en día. En consecuencia, la movilidad es mucho más que el transporte y se encuentra fuertemente influenciada por fenómenos socio-técnicos que la llevan a ser redefinida constantemente. Los cambios tecnológicos, sociales, económicos, políticos y culturales suelen tener como correlato cambios en los modelos de movilidad. Por ejemplo, resumiendo mucho la cuestión por el espacio disponible, vemos que, durante el siglo XIX, la creciente industrialización de las ciudades y la expansión de sus mercados pusieron en el centro de la discusión el desarrollo de sistemas de transporte ferroviario, mientras que, en la segunda mitad del siglo XX, la explosión de vehículos motorizados para el transporte individual modeló la forma urbana de las ciudades -grandes avenidas y carreteras- de forma incuestionable.

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